martes, 19 de julio de 2011

Cosas de barrios

Vivo en un barrio conflictivo.

Cuando eres pequeño, vivir en un barrio conflictivo no mola nada. Tu madre no te deja bajar al parque, ir al quiosco o sacar a los perros solo. Solamente hay una ruta que las madres del mundo no respetan en la ley de protección del menor, y es el camino al supermercado. Ya puede haber una redada en la calle, estar cayendo lluvia ácida, alerta de huracán o peligro de que se active un volcán, que si una madre se queda sin pan para rebozar, te hace salir a la calle sí o sí.

Cuando eres adolescente, la cosa cambia. Decir en el instituto que vives en un barrio conflictivo te activa una aureola protectora que ahuyenta los malos espíritus y terceros de la ESO con ganas de tocar las bouls. La gente cree que el barrio está contigo, que viviendo aquí conoces a los capos de la mafia de los extrarradios, y ellos serían capaces de partirse una pierna por ti.

Y nada más lejos de la realidad, tendrían que verte correr en el trayecto del bus a tu casa.

Una vez te has hecho mayor, ves las cosas desde otra perspectiva. Te has acostumbrado a convivir con ello, y simplemente te limitas a observar e intentar entender la realidad.

El otro día, sin ir más lejos, iba camino a casa y pasé por delante de un bar. En la puerta había colgado un cartel que decía: “Cuidado con el escalón”.

¿Con el escalón?

Sanidad no ha entrado ahí dentro. No sé por qué se preocupan por un nimio esguince en el tobillo (que es lo máximo que te puedes hacer), cuando en realidad el verdadero peligro te lo sirven en el plato.

Si tienes las agallas de entrar, las tapas de la entrada no te van a dejar indiferente. Con la ensaladilla rusa se podría edificar un monumento más resistente que el Coliseo, y las anchoas… ¡qué decir de las anchoas! Están tan secas y peluditas que te dan ganas de coserlas una a una y hacerte una cazadora de pelo.

A veces, cuando me meto en la cama, justo antes de dormir, me imagino qué pasaría si un día se me apareciera un mago y me dijera que puedo elegir tres platos gratis de ese bar. Sin duda alguna, quitaría el cartel de la puerta y dejaría que el mago pasara primero…


7 comentarios:

  1. Vivir en un barrio así es como viajar a la India: si eres capaz de vivir ahí (o viajar allí) eres capaz de vivir (o viajar) en (a) cualquier lado. Y tú has sobrevivido!!!.
    Ya puedes trasladarte a Pedralbes. Prueba superada!!!

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  2. Sin duda, lo que dicen de lo que no te mata, te hace más fuertes, es totalmente cierto. Es una de esas cosas que se aprenden a base de vivir peligros diarios.

    Un beso!

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  3. Ya era hora de que dejaras de gandulear y escribieras algo, que nos tienes abandonados, espero con ANSIA el siguiente.
    Estoy con la pierna en alto, porque alguien quitó un cartel de "cuidado con el escalón" de un bar de tapas al que fui este finde.

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  4. Muy bueno... como siempre! Ah! si te coses la cazadora... puedes llevarte los gatos del barrio a Pedralbes.

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  5. Jajajajaja pero que bueno!!! Y q decir de los boquerones en vinagre, q de tanto estar en remojo van camino de desintegrarse...o esas albóndigas rosáceas de carne no identificada...Si tu estómago lo resiste y no te rompes la crisma con el escalón de la entrada, ya estás preparada para calzarte tus mejores taconazos, enfundarte tu cazadora de anchoas e ir a buscar piso en Pedralbes!

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