miércoles, 2 de febrero de 2011

Los gorros

Hay sociedades en las que el gorro no ha acabado de encajar y la nuestra es una de ellas. Por más que nos esforcemos, no cuela. Hay lugares, como Siberia, donde el gorro es un arma salvavidas. Hace tanto frío allí que eres capaz de meter la cabeza en el culo de un reno. En cambio aquí soportaríamos un calor de justicia con tal de lucirlo. Podemos estar a 35 grados, notar el pelo pegado en la frente y aún así no tenemos narices de quitárnoslo. La sensación de sacarse un gorro cuando uno va sudado es algo así como dejarse lamer por una vaca. No lo probéis. Te queda el cuero cabelludo pegado y brillante como los dientes de Arturo Fernández.

La tipología de los gorros es un tema aparte.

Están los gorros de lana. La gente suele llevarlos en invierno menos Emminem, que los lleva todo el año.

También están los gorros de paja que regalan en las discotecas. Cuando ves lo bien que le queda al Public Relations de turno, eres capaz de beberte hasta el agua del water por conseguir uno, pero después (nadie sabe porqué), nunca encuentras el momento de ponértelo y acabas regalándoselo a tu padre, el cual lo utiliza para ir a la playa y pasa a ser catalogado de borracho automáticamente.

Un gorro que también me gusta es el de ducha. Yo lo utilizo bastante aunque debo decir que no está bien hecho: van muy justos. No son nada generosos en la fabricación. ¿Y sabéis porqué? Porque lo dan gratis en los hoteles. Si los cobraran, el gorro de ducha sería otra cosa. Seguro que no se te mojaba el pelo. Siempre hay que elegir si mojarse el flequillo o los pelos de la nuca (esos que por muy pelo Panthene que tengas, siempre son rizados) (quien sabe si son parientes cercanos a los de la axila). Los únicos que se libran de problemas con ellos son los calvos, pero ojo, ¿alguien ha visto a un calvo utilizarlos? Nadie. Pero si alguno los utiliza en la intimidad, tal vez sea debido a la esperanza de que aún queda algo en la cabeza que tapar (yo he visto calvos usarlos para taparse las cejas).

Un gran desconocido al que me gustaría dedicarle unas líneas es el sombrero de copa. No se sabe como ha llegado a parar ahí pero siempre tenemos uno en casa. Mi hermano se disfrazó de mago con 8 años y hoy, aunque está independizado, seguimos teniendo el sombrero en el perchero de la entrada, muy a mano por si a alguien le apetece ponérselo antes de salir.

¿Y qué me decís de las boinas? Son gorros que nos ponemos para ir de bohemios pero al final siempre acabas pareciendo un pueblerino. Por más que lo intentemos, la boina no termina de cuajar.

Por último, quería hablaros del gorro que se ha diseñado con más mala leche: el de piscina. Ese gorro es mágico. Es capaz de convertir a Brad Pitt en uno de los hermanos Calatrava. Yo creo que es por eso que la gente se pone esas gafas tan apretadas en la piscina: es para que no les reconozcan. Propongo que a esas gafas le incorporen un bigote y así pasemos todos desapercibidos ya que aún ha de llegar el día que alguien esté favorecido con un gorro de natación aunque, si alguien lo encuentra, me quito el sombrero.


2 comentarios:

  1. Molt bó, penso que està realitzat amb una gran genialitat. Enhorabona!!

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  2. Genial!!. Me ha encantado, Piti Wart!.
    Te veo mucho futuro en esto de los monólogos..

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