Hay momentos en la vida de un usuario de autobús que son de alto riesgo cardíaco. Secuelas físicas y psicológicas que no las cubre el seguro de un ticket que cuesta 1 euro con 45 céntimos. Retazos de tiempo tan abominables que preferirías llamarle “feo” a la cara a Mike Tyson. Lo peor del caso es que en esos momentos de pavor nadie sale en tu defensa, nadie te ayuda, nadie mueve un miserable músculo por ti. Tus compañeros de viaje se petrifican como Guerreros de Xian y te sientes como cuando buscas amigos para que te ayuden a empapelar el salón: COMPLETAMENTE SOLO.
Para los más incrédulos seguidores de este blog (y para lo crédulos también, ¡qué narices!), voy a adjuntar a continuación unas pruebas que lo demuestran (las dosificaré en pequeñas dosis y así parecerá que soy más prolifera). Ahí van...
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