Llega un día en el que vas al médico y te dice que tienes que hacerte unas analíticas y, si ese día te has pasado con la sombra de ojos, también te pide un análisis de orina.
Te da una bolsa que contiene un vasito y dos tubos. Eso te hace mucha ilusión porque es de las pocas veces que vas al médico y te llevas algo más que no sea un susto. Es como en los hoteles. Los hoteles están hechos para que te lleves cosas. ¡Que narices! Los hoteles son sitios que están hechos para robar. Son pequeñas estancias que financia la Seguridad Social para que uno pueda robar a sus anchas pequeños tesoros y se sienta mejor.
Porque ya me dirás, ¿para qué queremos esos jabones de glicerina que se escapan de las manos como sardinas y te dejan el mármol como el suelo de Las Carpas del Edén después de una fiesta de la espuma? ¿Y el abrillantador de botas…? ¡Si estás en Sevilla y el termómetro marca 40 grados a la sombra! Reconócelo, la única bota que vas a ver es la del tinto de verano… ¿Y el costurero…? No has conseguido aprender a hacerte el nudo de la corbata… ¿y pretendes coserte un botón?
Pero volvamos al tema que nos pertoca: LAS ANALÍTICAS. La noche anterior te da por cuidarte especialmente. Preparas la cena con tanto estilo que parece que hayas invitado a cenar a Kate Middleton. ¿Qué te crees? ¿Qué por mucha pechuga de pavo que comas ahora nadie se va a enterar de los callos con garbanzos que llevas zampando toda la semana?
Antes de dormir, dejas preparados todos los instrumentos. Te han dado un vasito y dos probetas. OK. ¿Para qué es qué? ¿Dónde me he dejado las instrucciones? De repente te das cuenta de que vaso no tiene tapa y te entra una incertidumbre en el cuerpo.
…
Aquí los minutos de reacción son proporcionales a las ganas que tenga uno de meterse en la cama. Deduces que, en una primera fase, el pis va en el vaso, y en la segunda fase, se llenan las dos probetas con el mismo. Intuyes que lo hacen así para la gente mayor, pero para personas como tu la primera fase es innecesaria (por algo te llamaban el Guillermo Tell del instituto… eras capaz de escribir tu nombre en la nieve).
A la mañana siguiente suena el despertador. Crees que lo has puesto mal porque el sueño que tienes no es normal, pero te armas de valor y te diriges al baño. Llevas el bote, las probetas… y te das cuenta de cuan sobrevalorada está la especie humana. No hay duda: la única manera de acertar es poniendo debajo el cubo de fregar.
Una vez has hecho el trabajo sucio, metes los artilugios en una bolsa y vas al ambulatorio. Allí te encuentras a todos los de tu especie con cara de sueño y tubos en las manos. Aquel habitáculo es una mezcla entre el casting de Resident Evil y una fiesta sorpresa del Profesor Bacterio.
Allí te dejas llevar. Entras en una habitación, te sientan, coges aire, les das la mano… y ellos te cogen el brazo. No me extraña que te chupen la sangre, esta gente de los ambulatorios son unos aprovechados!
Y de allí te vuelves a casa… te sientes tan débil que necesitas comer. Abres la nevera y allí queda un platito, al final, de callos con garbanzos… de alguna manera vas a tener que reponer todo lo donado, no…? En fin… yo creo que lo hacen para volver a vernos pronto, en el fondo no sé qué harían ellos sin nosotros J
Jajajaja... me ha encantado!!. Creo que de tus mejores monólogos. Especialmente brillante el párrafo donde comienzas dándole la mano... y te cogen el brazo, te chupan la sangre... ENHORABUENA!!. Brillante, una vez más.
ResponderEliminarGracias Sergio... ;)
ResponderEliminarJajajajajaja una vez más, GENIAL! me ha encantado!
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