jueves, 18 de octubre de 2012

LOS VACÍOS: El principio de una gran enemistad



Un día te despiertas y te das cuenta de que tu vida está arrutinada. Por muy diferentes que creas que son tus días, siempre acabas haciendo las mismas cosas.

Levantarte, ducharte, salir, comer, trabajar, leer, cenar, reír charlar…

Si alguien nos filmara como en una película, apuesto que muchas veces nos daríamos cuenta que repetimos exactamente los mismos movimientos.

El tiempo que estoy bajo la ducha antes de ponerme jabón en el pelo, la cantidad de mermelada que extiendo en la tostada, las vueltas que le doy al alambre del pan de molde, la hora en que te llamo, el tiempo que tardo en cepillarme los dientes, las veces que agito la botella de zumo, el modo en que cojo el mando a distancia, el asiento que escojo en el bus, las veces que masco un chicle antes de tirarlo, el tiempo que tardo en planchar una camisa… podría apostar a que más de una vez (y de dos y de tres) lo hago exactamente igual.

La rutina, sin quererlo, nos da un equilibrio gratuito del que no me hubiera dado cuenta nunca de no ser por los vacíos.

Los vacíos son esos seres que cambian tu rutina y la llenan (aunque parezca contradictorio) de vacío. Si os fijáis, suelen ser así:


Los vacíos aparecen en tu vida un día, si avisar, y te hacen los días un poco más incómodos. Para colmo, nunca los ves venir, actúan ágilmente para que no puedas evitar ahorrártelos, causándote así una amarga sensación. Cabe decir también que los vacíos sólo los ves tu, no pueden afectarte en tu vida social (uf, todo un alivio).

Ilustraré este apasionante tema con algunos ejemplos:

-          Suena el despertador por la mañana y estiras tu brazo a la misma distancia y con idéntica intensidad para pararlo. Te das cuenta de que no está y el molesto sonido retumba en tu cabeza sin cesar. Abres los ojos y ves que ha desaparecido, los vacíos han movido el despertador unos centímetros más lejos, distancia que te hace maniobrar torpemente hasta irritarte.

-          Te levantas, vas al baño… y el espejo no está. Te sientes desorientado y la ausencia de tu reflejo te demuestra, una vez más, que todavía podías sentirte más solo.

-          Sales de casa, entras en el ascensor y te das cuenta de que los vacíos han desordenado los números. Picas a uno y vas a otro… después vuelves a subir cuando querías bajar y, no pudiendo escapar de la probabilidad de encontrarte con alguien, acabas bajando con un vecino que lleva un canario en una jaula.


Es entonces cuando miras al animal a los ojos fijamente y te ves reflejado en él, ahí, quieto, varado… preso entre vacíos que, paradójicamente, no te dejan escapar.


4 comentarios:

  1. ¡Pensaba que habías olvidado el blog! Qué bien que hayas vuelto. Se te echaba de menos... Muy buena entrada!

    Saludiness!

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  2. Buenas Piti :)
    Me ha encantado tu nuevo monologo. Soy fan especialmente de los dedicados al bus y de los que hablan de esas pequeñas cosas cotidianas a las que tu significas con ironía. Pero esta vez te has superado,me ha tocado.
    Gracias por volver!!!!

    Solo una cosa, estoy ansioso por el siguiente.

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  3. :) no esperaba menos en tu retorno!! me ha gustado, como todo lo qe escribes!
    un besito grande grande peqeña*

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  4. Gracias a vosotros!

    Sin vuestros curioseos por aquí ésto no tendría sentido ;)

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