domingo, 23 de octubre de 2011

La vida social del conductor de bus


Hay quien piensa que el conductor de bus es un ser huraño y solitario que pasa la vida sumido en un eterno retorno al más puro estilo nietzscheano. Desde este blog bien es sabido que lo estamos dejando a caer de un burro, pero nada está más lejos de nuestra intención.

El conductor de autobús es un ente entrañable y querido por todos aunque alguna vez (y más de dos y de tres), no nos haya abierto la puerta cuando más lo necesitábamos.

En su periplo diario, el conductor tiene cuatro momentos de actividad social que me gustaría comentaros. Ahí van.


  1. El cambio de turno

No nos engañemos: uno sube al bus con el tiempo justo y no calcula los imprevistos. Los semáforos en rojo, pase. Una manifestación que corta la Gran Vía en ambos sentidos, pase. Unos adolescentes que se ponen a hacer el mono al filo de la puerta y no dejan que ésta se abra ni se cierre, ok, pase. Pero el cambio de turno del conductor con la consecuente charla a pie de calle… no, por ahí no pasamos.

El conductor llega a una parada y ahí, después de 8 horas de dar vueltas como hamster en su rueda, le está esperando su relevo. Es fácil diferenciarlos porque, aunque van vestidos igual, uno de los dos lleva impregnados dos cercos subaxiales que lo delatan. Es sin duda el que está esperando en la calle en plena solera. El conductor siempre baja como un pincel y la piel tersa como pistas de futbol sala. Hay que ver el frío que se pasa en los buses con la moda del aire acondicionado... no sé si prefería el modo calor, al menos así podía ahorrarme la sauna y salía con el cutis limpio y exfoliado.

Hay un detalle que me preocupa bastante en el momento del cambio de turno y es, ni más ni menos, cuando el conductor coge sus cosas. La chaqueta, la botella de agua, la cartera… y un libro. ¿Un libro? Dios, ¿cuándo se supone que lee…?


  1. El amigo del alma

El amigo del alma es esa persona que inicia y finaliza su viaje al lado del conductor. Se nota que le quiere, ya que por ahorrarse un miserable euro con 45 es capaz de jugarse la vida ahí de pie y sin agarrarse. Ahí está, intentando encontrar el equilibrio en el mostrador dando conversación al conductor. Encima cuando alguien entra y va a pagar en efectivo, sigue ahí, intimidando. Como nos han absorbido tanto la cabeza con lo de la policía secreta, te crees que ese tipo está ahí por algo y nunca te atreves a pagar con la moneda de plástico de sacar los carritos del súper.


  1. El Dani Succo

Hay un momento en los trayectos de bus que me inspira especial debililidad y es cuando dos conductores que van en dirección contraria se saludan. Un simpre mec mec, un saludo con la palma de la mano, un grito de donde vas cabrón, demuestran que entre ellos hay cohesión, sentimiento de grupo y  amistad incondicional por muchas vueltas que de la vida. Creedme chicos, lo vivo una y otra vez y todavía me pone los pelos de punta.

Otra cosa es cuando los dos conductores van en la misma dirección y se ponen como en la peli de Grease, con los morros alineados. A mi ese momento me da mucho miedo porque uno de los dos no lleva pasajeros y se dirige a cocheras (y ya sabemos las velocidades que cogen los buses cuando van a cocheras, que parece eso la autopista del diablo). Uno baja la ventanilla y el otro abre puertas, y se hablan, se ríen…todo lo que pueda durar un semáforo en rojo. Es en el momento en que se pone verde, cuando aparece el espíritu de Dani Succo y rompe la barrera del sonido. Cuando daño hizo Grease, coño.


  1. Los Charlis

Los Charlis son esos entrañables conductores de bus que terminan el turno de la noche y cogen todos el primer Nocturno para ir a casa. Ya puede ir el Nocturno vacío (la gente que coge el nocturno no suele ir sentada, sino más bien viaja en el suelo) que ellos jamás se sientan. Es como una ley legendaria que no se sabe cuando ni donde se originó. Yo creo que una vez el primer conductor de bus de la Era de Hielo dijo que no se podían sentar y desde entonces ahí los tienes, como flamencos a una sola pata.

Es curioso, pero Los Charlis siempre generan jaleo. A veces te da miedo hasta subir, parece eso una reunión sindical, pero son inofensivos.



Como veis, el conductor de bus es un ser social, acercaros a él y en el camino, encontrareis un amigo.



5 comentarios:

  1. Muy Muy Bueno!!!!!
    En la línea de los mejores del Blog.
    Me ha encantado!!!!!!

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  2. me ha gustado mucho! pero yo me he cagado muchas veces en ellos... en escocia tenias que ir con el cambio justo y exactisimo ademas era como 1.77 o 3.43 algunas veces...anda que no me he quedado calado de arriba abajo por el buen tiempo que hacia alli y sin coger el autobus!

    que bueno leer cosas asi!

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  3. Jajajajaja me encantaaaaaa!!

    Que bueno cuando se saludan entre ellos, que espíritu de compañerismo...aunque a lo mejor el brazo levantado signifique "vete a la mierda!"
    Y la cara de odio asesino que ponen cuando ya están a punto de arrancar y alguien grita "la puercaaaaaaa" O cuando sube una rubia despampanante y la siguen por el retrovisor, dan ganas de gritar "mira al frente coño"

    Buenísimo!de los mejores :)

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  4. porfavorrrrrrrrr ajajajajajajajajaja estaba tomando agua y casi la escupo de la risa!!!!!!!!! El momento DANI SUCCO jajajajajajajaajajaja me he empezado a partir de risa porque solo leer el título ya sabía por dónde iba (demasiadas horas en el bus, esto nos pasa por no tener carnet...)

    Has clavado las cuatro jajajajajaja el momento del amigo del alma también es bastante sublime jjajajajajajaja

    Las historias de los conductores de buses son mi perdición de tu blog, las leería millones de veces!! Si supieran mis amigos conductores del 72 la de buenos ratos que me hacen pasar...


    :****************

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  5. Esta superbn, cuanto da de si el ir en bus! sigue asi! pero tmb te recomiendo el metro, es un gran lugar de inspiración, a veces tienes hasta sintonia, a capella o acordeon! ademas los conductores de metro son muy amigables tmb te dicen cuando hay carteristas... si les pillas en su momento all bran,escuetos por eso, pueden llegar a volver abrirte la puerta!

    un saudo!

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